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Círculo

Aunque a veces lo parezca, nunca volvemos al mismo sitio.

Hace cuatro años decidí tirarme a la piscina sabiendo que no tenía agua, porque tenía claro que el momento que tanto había estado postergando por miedo, había llegado. Sabía que si no cambiaba de rumbo profesional en ese momento en el que los astros se habían alineado para hacerlo posible, no lo haría jamás. Así que salté.

Aquel salto (un tanto kamikaze), me obligó a adentrarme más en mí para descubrir qué era lo que yo quería aportar en el mundo a través de mi trabajo. Lo llaman propósito y para mí, fue la comprensión de que, en contra de lo que hemos visto y aprendido, lo profesional y lo personal no tienen por qué estar separados y que, conectar ambas cosas, es lo que nos permite realizarnos (último escalón de la pirámide de Maslow que tanto me has escuchado mencionar).

B The Change MOMs fue la forma que encontré en aquel momento de llevar a cabo mi propósito de hacer este mundo un lugar más amable y humano. Una travesía que me ha permitido conocerme y comprenderme mucho mejor y, a través de la cual, he crecido en lo profesional y también en lo personal, porque, como decía antes, ahora son dos facetas que necesariamente, van de la mano.

Sin embargo, como ya he explicado en alguna ocasión, había algo que no terminaba de encajar y que no me permitía fluir del todo. Podía haber ignorado esa sensación, como solía hacer siempre antes, pero ahora ya sé que esa es una forma de traicionarme y que no puedo ni quiero faltar al compromiso que adquirí conmigo misma de no volver a hacerlo (al menos de forma consciente).

Paré y me di el espacio para escucharme. Y de pronto, todas las señales me indicaban el camino de regreso a aquello que dejé 4 años atrás convencida de que no era mi sitio. Pasé varios meses de lucha interna resistiéndome a esa idea, porque estaba totalmente en contra del camino que me había trazado, y porque me estaba contando que volver al mismo sitio del que quise escapar, era dar un paso atrás.

Hasta que un día recordé que nunca se vuelve al mismo sitio, que yo ya no era la misma y que, por lo tanto, aquello no era un retroceso sino un nuevo paso en el camino. Recordé que no soy nadie para juzgar los planes que la vida tiene para mí, dejé de luchar y me rendí, abriéndome a abrazar el que ahora me estaba poniendo delante.

Y así fue como, una vez más, se hizo la magia. Deshacerme de mis creencias me permitió ver una posibilidad que siempre había estado ahí pero que el miedo y  una versión obsoleta de mi misma no me dejaban ver. Pude ver que mi experiencia profesional previa y mi propósito no sólo no estaban reñidos, sino que se potenciaban mutuamente.

Entendí que rechazar mi pasado me debilitaba y que era mucho más inteligente y justo honrar el valor que tiene e integrarlo, reconociendo así que gracias a todas esas experiencias, he crecido y soy una versión más completa de mi misma.

Y desde esa nueva versión reforzada, encontré la forma de unir e integrar mis dos caminos para seguir siendo fiel a mi propósito, desde la maternidad y ahora también, desde el entorno corporativo a través de un nuevo paradigma de liderazgo más humano.

Crear entornos de trabajo más humanos y ayudar a que las empresas pongan a las personas y sus necesidades en el centro, es otra forma muy potente de cambiar la sociedad y contribuir a crear un mundo mejor.

Cómo decía antes, nunca volvemos al mismo sitio. A veces parece que se repite la misma historia que vuelve para darte la oportunidad de integrar el aprendizaje y poder cerrar así el círculo. Hasta que toque volver a pasar por ahí para alcanzar una comprensión más profunda de quién eres y de lo que necesitas en ese momento de tu vida. El camino de regreso a ti misma no es una línea recta con principio ni final, es un camino de por vida y en círculo en torno a tus heridas y creencias troncales que tienes que recorrer una y otra vez a medida que profundizas en la espiral que te acerca cada vez más a ti. 

1 Comment
  • Laura
    Posted at 13:27h, 20 octubre Responder

    Qué bien leerte de nuevo Bea. Yo también camino en círculo, una y otra vez pasando por lo mismo, pero sé que, si abro los ojos, siempre es diferente. Un abrazo

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