fbpx

Cuando dejé de buscarme, me encontré.

Soñé con nuevos comienzos…
Jugué a imaginar escenarios
como cuando de niña
dibujaba siluetas caprichosas
con las nubes.

Reconstruí repetidamente
conversaciones a mi antojo.

Quise inventarme mil veces,
con el anhelo de hallarme
en otra realidad, en otro tiempo
y en otra piel.

Insistí, tropecé, me caí,
volviéndome presa
del mismo bucle infinito.

Hasta que entendí
que aquel baile monótono
me llevaba exactamente
a ninguna parte…

Entendí que no era posible encontrarme
fuera de este preciso instante
porque solo existo aquí y ahora.

El resto, no son mas que imágenes trampa
que mi mente inventa
para sacarme de mi misma
y para evitar que caiga
en el presente, el único lugar
donde puedo ser yo.

Dejé entonces de buscarme,
de imaginarme y de contarme
historias que no eran
más que ruido para distraerme
de lo esencial.

Dejé de creerme lo que tenía
que ser y lo que no,
de trazar estrategias que,
supuestamente, me acercaban
a mi verdad.

Dejé de hacer piruetas en el aire
y me dejé caer.

Toqué tierra y me hice una con ella.
Me volví pequeñita y recordé
que nada sé.

Me desprendí de todas las vestimentas
con las que me había disfrazado.
Y así, desnuda, me hice semilla.

Humilde, paciente y confiada,
sin esperar nada.

Dejé de dirigir y de pretender
que conocía el camino.

Abandoné la búsqueda
y me entregué al lento devenir
de la vida y sus ciclos.

Nadé en las aguas de la nada,
me dejé azotar por el viento
y el fuego me redujo
a un puñado de cenizas.

Y entonces, en aquel vacío,
aparentemente estéril,
se dio la alquimia.

De aquel silencio
brotó tímidamente
lo que siempre había estado allí.

Dejé de hacerme preguntas
y surgieron las respuestas.

Curiosamente,
al dejar de buscarme,
me encontré.

No hay comentarios

Escribe un comentario

X