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Sentir

Haces lo que puedes y es suficiente

Sé que te esfuerzas por ser la madre que te hubiese gustado tener a ti y por darle a tus hijos lo que tú no tuviste, y no hay nada malo en eso.

El problema está en las expectativas tan elevadas que te impones. En no permitirte fallar, tener un mail día, sentirte mal, expresar el enfado y la rabia o reconocer que no puedes más. El problema está en que te sientes culpable cada vez que no llegas a ese ideal que tu misma te has marcado. Porque, al igual que el resto de la humanidad,  eres imperfecta y tienes heridas. Porque la perfección no existe y porque lo que te exiges cada día es imposible de alcanzar. Y así estás perpetuando la creencia que hay debajo de todo eso: «no soy suficiente».

Por eso, sientes la necesidad de tener que hacer siempre más, de ser mejor de lo que eres. Mejor madre. Mejor profesional. Mejor amiga. Mejor esposa. Mejor tía. Mejor jefa. Mejor empleada. Mejor clienta.

Hoy quiero recordarte que no eres superwoman. Que está bien si no puedes con todo, tener un mal día, no saber hacerlo mejor y no ser capaz de controlar esa reacción automática de la que te arrepientes al minuto. Estás aprendiendo, lo haces lo mejor que puedes y es más que suficiente.

Y aunque te lo parezca, no estás sola. Yo también hay días que me siento desbordada, días en los que mis hijos me pesan demasiado y me dan ganas de salir corriendo. A veces yo tampoco tengo ganas de jugar y lo único que me apetece es estar sola y tranquila. Yo también grito de agotamiento y desesperación. Y te aseguro que no soy la única. Nos pasa a todas.

Todas tenemos luz y también sombra pero vivimos en una sociedad en la que sólo está permitido mostrar la parte bonita de la vida y, especialmente de la maternidad. Una maternidad de entrega absoluta desde el puro gozo y disfrute. La maternidad es eso pero también es desesperación, frustración y agotamiento. Luz y sombra, amor y rabia conviven y forman parte de la misma realidad. La maternidad es intrínsecamente paradójica y bipolar. Es lo más maravilloso que nos ha pasado en la vida y, a la vez, lo más difícil que haremos nunca.

Es importante desmontar ese ideal edulcorado de maternidad que nos muestran por todas partes porque no es real y porque hace muchísimo daño ya que incide sobre nuestra falta de merecimiento y nos despierta la necesidad de encajar en él. Perseguir un ideal inalcanzable hace que te sientas aún más frustrada y culpable y te lleva a ahogarte en tu propia exigencia.

Ese nivel de exigencia constante es injusto e inhumano. Eres suficiente. Lo estás haciendo lo mejor que puedes y está bien así. Descansa. Ya lo tienes todo. No te falta nada. Eres perfecta en tu imperfección.

Conecta contigo, escúchate y permítete sentir lo que sientes. Sea lo que sea, está bien porque esa es tu verdad en este momento. Deja de luchar contra ti. Si no estás en paz contigo misma, estarás en guerra con todo lo que te rodea.

Reconocer y validar lo que sientes es el primer paso para poder aceptarte, quererte completamente y sentirte en paz contigo misma y con los demás.  No hay luz sin sombra, necesitas darle espacio y ponerle voz.

Lo que te pasa, nos pasa a todas, no estás sola.  Mereces sentirte reconocida, acogida y sostenida, tal cual eres. Contar con un espacio seguro donde poder expresar lo que sientes libremente sin miedo a ser juzgada o sentirte rechazada, es tremendamente reconfortante y liberador.

Quiero ofrecerte ese espacio, en la newsletter de mañana te cuento cómo. Puedes apuntarte AQUÍ.

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