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B The Change MOM's Bea Aguirre La maternidad del cambio

La maternidad como herramienta de transformación personal y social

 

La maternidad es probablemente la tarea más relevante, compleja y trascendente de la vida de una mujer y para la que, paradójicamente, nadie nos prepara.

Vivimos en una sociedad que no mira ni cuida la infancia porque lo que le interesa al sistema capitalista es que las mujeres sigamos produciendo al mismo nivel a pesar de nuestro nuevo rol como madres. La maternidad es una labor de vital importancia tanto a nivel individual del ser que se está formando, como por el impacto que la forma en que se desarrolla cada individuo desde la infancia, tiene a nivel social. Lamentablemente,  no hay conciencia de esto y a día de hoy, la maternidad sigue estando denostada y desprestigiada por lo que no se están proporcionando las condiciones óptimas para atender las necesidades de madres e hijos en una etapa tan crucial para el futuro de la sociedad.

Las madres nos hemos convertido en víctimas de un feminismo mal entendido fruto de la incorporación de la mujer al mercado laboral que nos deja solas y sin recursos para desempeñar un papel tan determinante para la vida.   Por el camino hemos perdido, además, el referente familiar que está obsoleto y ya no nos sirve.  No es de extrañar ese sentimiento generalizado de agotamiento, frustración y soledad entre las madres de hoy en día que intentamos llegar a todo y hacerlo de la mejor manera posible sin ningún tipo de guía ni de apoyo.

Es necesario dignificar la maternidad entendiéndola como una responsabilidad social, porque los niños que estamos criando hoy serán los adultos del futuro y la mejor forma de cambiar el mundo en el que vivimos es sembrando una nueva humanidad.

Los niños nacen en estado puro y en conexión profunda con su esencia lo que les otorga la capacidad de amar incondicionalmente y de saberse merecedores de amor, cuidado y atención. De la misma forma, hay dos necesidades vitales con las que nacen todos los niños: pertenencia y significancia que buscan cubrir a toda costa porque son esenciales para su supervivencia. La manera más “fácil” que tiene un niño de sentir que pertenece y que es tenido en cuenta, es haciendo lo que se espera de él. Es así como van cambiando su forma genuina de ser para adecuarse al entorno y cumplir con nuestras expectativas, traicionándose a sí mismos y desconectándose de su verdadera naturaleza. La personalidad de un niño ya está formada a los 7 años de edad y desde ahí empezará a moverse por el mundo y a relacionarse desde su personaje, olvidándose de sí mismo.

Ese personaje nos sirvió para sobrevivir siendo niños pero cuando llegamos a la edad adulta, ya ni siquiera sabemos quiénes somos ni qué queremos, porque nos hemos dejado llevar por las directrices que nos marca la sociedad. Llega un momento en el que ese personaje ya no sólo no nos sirve; si no que vivir desconectados de nuestra verdadera esencia se convierte en una fuente de estrés y sufrimiento. Vivimos una vida dirigida desde fuera, carente de sentido y a una velocidad de vértigo que nos impide parar y cuestionarnos cuales son nuestras necesidades reales y qué es lo que nos hace sentir bien, en definitiva, conectar con quién somos en realidad y poder hacer aquello que nos nutre. Desde ese estado de desconexión y auto abandono vivimos y nos relacionamos con los demás, generando niveles de ansiedad y crispación que acaban siendo insoportables.

Afortunadamente llega el día en el que tocamos fondo y sentimos un vacío existencial que nos conduce a un camino de búsqueda interior que nos permite reencontrarnos con nosotros mismos y desde la conexión con nuestra esencia, todo empieza a cambiar. Estamos viendo gestarse un nuevo paradigma de una vida más orientada al SER (y no tanto en el HACER), centrada en las personas y teniendo en cuenta sus emociones, una vida en la que la generosidad y la cooperación sustituyen a la productividad y la competitividad, una vida gobernada por la creatividad y la intuición. Y esto se consigue tomando conciencia y actuando desde la esencia, en contraposición al personaje que hemos tenido que crearnos para sobrevivir. Es un despertar de la conciencia que se va abriendo camino, expandiéndose a todos los niveles y contagiando cada vez a más personas.

Y yo me pregunto… ¿y si además de contribuir a este cambio desde la toma de conciencia y el trabajo personal inspirando a los que nos rodean nos enfocamos en intentar atajar el problema de raíz?¿y si tomamos conciencia del proceso mediante el cual nuestros hijos se ven forzados a desconectarse de su esencia para intentar minimizarlo? Cambiando la mirada podemos cambiar el resultado.

Si les dejamos ser quienes han venido a ser, estaremos sembrando la semilla para que en un futuro puedan convertirse en adultos genuinos, seguros de sí mismos y comprometidos con los demás y con el entorno y que contribuirán a ese cambio de paradigma sin tener que sufrir todo el camino que hemos tenido que recorrer nosotros para reconectar con nuestro ser y las consecuencias devastadores que conlleva vivir así.

La buena noticia es que cada vez vez hay más conciencia de la necesidad urgente de cambiar la forma de educar y criar y eso ha dado lugar a numerosas corrientes de crianza respetuosa, amorosa, con apego (o como lo queramos llamar) y cada vez hay más recursos disponibles para informarse y prepararse para la maternidad, entendiendo que, con la intuición, no es suficiente. Sin embargo, la realidad es que nos cuesta mucho poner en práctica todo lo que leemos y escuchamos.

 ¿Tu también sientes que por más que lees y te informas no consigues ser la madre que quieres ser para tus hijos? Esto nos pasa porque no podemos respetar y amar a nuestros hijos incondicionalmente ni conectar con ellos si no lo hacemos antes con nosotras mismas. Hacer ese trabajo personal, es la única forma de evitar que nuestros asuntos no resueltos del pasado y nuestras expectativas les condicionen y de poder ofrecerles nuestra mejor versión desde la conexión con nuestra esencia.

La maternidad nos brinda una oportunidad maravillosa para crecer interiormente porque nuestros hijos nos hacen de espejo y nos muestran los asuntos y conflictos que arrastramos de nuestra infancia, haciendo que nos tengamos que enfrentar a nuestra sombra. Adentrarnos en ella para conocernos mejor y sanar nuestras heridas de infancia nos permitirá reconciliarnos con nuestra niña interior y evitará que domine nuestra vida haciéndonos actuar inconscientemente en la interacción diaria con ellos. Se trata de limpiar nuestra mirada interna para poder cambiar la mirada hacia ellos, entendiendo que  sólo podemos enseñarles a través de nuestro ejemplo.

No es un camino fácil porque hace falta coraje para emprender ese viaje interior, descubrir cosas de ti misma que duelen. Liberarse de la forma en la que nos han criado a nosotras y que existe a nuestro alrededor, requiere mucho esfuerzo y determinación porque la tenemos muy interiorizada y porque ir a contracorriente es frustrante y agotador. Sin embargo, si pensamos en el resultado, no cabe duda de que merece la pena. Descubrir quién eras antes de que el mundo te dijese quién tenías que ser y conquistar la libertad de serlo te va a permitir vivir una vida mucho más auténtica y plena y tus hijos a su vez, se sentirán libres de ser lo que han venido a ser y podrán hacer de este mundo un lugar mejor. Estarás de acuerdo conmigo en que es una misión preciosa y llena de sentido ¿o no?

Tomar conciencia de todo esto, así como adquirir herramientas para poder ejercer la maternidad desde esta perspectiva, me ha costado mucho tiempo, esfuerzo y lágrimas y por eso me he propuesto compartir mi experiencia contribuyendo así a expandir la toma de conciencia que necesitamos para cambiar el mundo desde la maternidad.

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