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Autoabrazo

Mudar la piel

Son muchos ya los cambios de piel
que atesoro a mis espaldas
en este camino hacia mi verdad.

Muchas falsas identidades
de las que tuve que desprenderme
cuando dejé de creérmelas.

Muchas pérdidas que me obligaron
a habitar el vacío
y que resultaron no serlo.

Muchas las veces que sentí haber perdido el rumbo
para volver a encontrarme siempre,
un poco más desnuda cada vez.

Desnuda de máscaras y etiquetas
e incluso de recuerdos.

Recuerdos distorsionados que se empeñan
en hacerme revivir heridas
que aunque ya no sangran
me siguen acompañando.

Heridas que me recuerdan el dolor,
que muestran mi vulnerabilidad
y también la luz de todo
lo que aprendí atravesándolas.

Heridas que hablan de quién soy,
de quién aprendí a ser
y de lo que necesito soltar
para llegar a mi verdad.

Porque en cada nueva vuelta,
en cada transformación,
me deshago de una capa más
tras la que me ocultaba.

En cada nuevo ciclo voy soltando
protecciones que ya no necesito
y que me impiden ver y proyectar mi luz.

Delante de mí un horizonte siempre incierto
al que entrego mis pasos,
tímidos a veces y otras confiados.

Desconozco dónde me llevan
y tampoco me importa desde que sé
que no hay otro destino posible
que encontrarme por el camino.

A veces lo consigo y lo celebro,
otras me pierdo y, en ocasiones,
me limito a observarme sin más,
mientras sigo transitando
el sendero que me lleva a mi.

* El diario CONMIGO es una herramienta que me ayuda muchísimo en este camino de regreso a mi porque me «obliga» a escuchar y atender lo que hay dentro de mi. Lo tienes disponible AQUÍ.

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